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martes, 7 de febrero de 2012

Para trabajar con Familias


Objetivo: Que los padres descubran y valoren la importancia de una afectividad sana en el seno familiar como una herramienta efectiva y necesaria para el sano desarrollo del hijo.
La efectividad pertenece al mundo de la evaluación, de la eficiencia, del éxito; es la capacidad para producir el efecto deseado.

La afectividad pertenece al sentimiento o a la emoción; es la capacidad para vincularse con el mundo y con uno mismo, para querer y darle valor a las cosas, para sentirse afectado, para relacionarse. Decimos que lo que realmente afecta al ser humano tiene que ver con la afectividad.
Durante mucho tiempo, esta dimensión del ser humano fue descuidada e, incluso, menospreciada. Aún nos queda algo de esa cultura: decimos que es lo racional lo que nos distingue de los animales, que una persona es madura cuando sabe controlar sus sentimientos, etc. Sin embargo, la sociedad se ha ido dando cuenta de que la afectividad no se puede descuidar pues repercute en todo el quehacer del ser humano. El amor está inscrito en el corazón del hombre como su vocación más profunda.


La afectividad es un regalo que recibimos desde la concepción: al hijo por nacer le afectan los estados de ánimo de la madre y la relación que ésta va teniendo con el niño que espera. Por eso mismo es que, además de don, es tarea. Si tenemos el don del amor, entonces tenemos la tarea de desarrollarlo lo mejor posible.

La afectividad es tarea:
  • Social: Si el clima social que lo rodea es de aceptación, respeto y cariño, sin dudas, tendrá la posibilidad de alcanzar una mayor felicidad actual, juvenil y adulta. En este sentido, el niño ha de ser valorado por el aporte que hoy hace a la sociedad y también por el que esperamos que hará mañana.

  • Familiar, porque en la familia es donde el niño podrá seguir creciendo, por la gratuidad del amor en las relaciones, por la tranquilidad de pertenencia, por la honestidad de los sentimientos y emociones (cada cual es como es), por la necesidad de compartir y por la diversidad de sus miembros pertenecientes a un mismo tronco. De allí la importancia insustituible de una familia unida por lazos de afecto permanente cultivados y acrecentados para el rico desarrollo de la humanidad.

  • Personal, porque siempre será necesario revisar lo recibido, sanar las heridas que se hayan podido producir en el camino, aprender a amar de manera personal y, para ello, vivir el proceso más lento o más rápido, que ha de sacarnos de la auto referencia, del egoísmo para descubrir al otro.
La familia nuestra primera y gran escuela de afectividad


La vida en familia es nuestra primera escuela para el aprendizaje emocional y afectivo. Aprendemos cómo sentirnos con respecto a nosotros mismos y a los demás. Aprendemos cómo los demás reaccionarán a nuestros sentimientos; a pensar sobre estos sentimientos y qué alternativas tenemos; a interpretar y expresar esperanzas y temores.

Esta escuela emocional, no sólo opera a través de las cosas que los padres dicen y hacen directamente con los niños, sino también en los modelos que ofrecen para enfrentar sus propios sentimientos y los sentimientos que se producen entre marido y mujer.
Educar la afectividad

La educación de la afectividad comienza desde la cuna. Las guaguas que reciben estímulo y aprobación, por lo general logran tener una confianza básica que les permitirá enfrentar positivamente los desafíos de la vida. Los niños que han sido criados en hogares tristes, caóticos o negligentes, tienen más posibilidades de fracasar o de tener una visión derrotista de la vida. Es en el hogar donde se gesta la visión del mundo que va a tener el niño: positiva o negativa, de confianza o desconfianza.

¿Cómo hacerlo?
1. La actitud ante los sentimientos
Podemos distinguir:


Sentimientos: son duraderos y estables en el tiempo, provocan cambios somáticos menos acentuados, determinan la manera de actuar en relación al mundo, son profundos y de menor intensidad. La actuación nuestra en el mundo es acorde con nuestros sentimientos.
Emociones: las entendemos como estados más pasajeros. Son muy intensas, pero poco duraderas y poco profundas, llevan a sentir fuerte e internamente algo (el llanto, la carcajada).
  • Tanto los padres como los educadores deben tener conciencia de que el niño es una unidad funcional, en que los aspectos afectivos, cognitivos y motores están en constante interacción.
  • Los padres y educadores debemos reconocer que los sentimientos y emociones son parte del ser humano y que, por consiguiente, no hay que reprimirlos.
  • El adulto debe permitir al niño que exprese sus emociones en buena forma y no contagiarse con él (si el niño expresa rabia, no ponerse rabioso, por ejemplo).
  • Uno no puede engañarse y negar algunas emociones o sentimientos en el niño. En algunos hogares hay una prohibición implícita o explícita de comentar o elaborar ciertos sentimientos; en otros se ridiculizan.
  • Tampoco se debe juzgar los sentimientos o emociones: “No puedes tener rabia por esto”, “Es una tontera que te dé pena”. Porque los sentimientos son involuntarios. Lo que podemos evaluar es la conducta que estos sentimientos o emociones gatilla.
  • Como adultos hay que enseñar a los niños a canalizar las emociones y sentimientos, pero no debemos pretender que el niño no sienta rabia, pena, inseguridad, susto etc. ya que son tan propios del hombre como el amor, la alegría, el gozo.
Como padres, debemos ayudar a que nuestro hijo aprenda a:
  • Reconocer sus sentimientos
  • Comprenderlos: Por qué siento lo que siento.
  • Expresarlos: en esto hay que ser prudentes y no forzar al hijo a contar todo lo que le pasa (el adolescente es especialmente celoso de su intimidad) Encauzarlos: Qué hacer cuando estoy dominado por la ira y quisiera pegar portazos.
2. Una buena relación Padres-hijo


Cientos de estudios muestran que la forma en que los padres tratan a sus hijos, ya sea con una disciplina dura o una comprensión empática, con indiferencia o cariño, etc, tiene consecuencias profundas y duraderas en la vida emocional y moral del hijo. Algunos ejemplos:
  • Autoritarios: Pierden la paciencia ante la ineptitud de sus hijos, levantan la voz exasperados, a veces llegan a descalificar a sus hijos con insultos o malos tratos. (Se ha comprobado que muchos de ellos tratan a sus hijos de la misma manera que se tratan al interior del matrimonio)
  • Poco interesados: Ignoran los sentimientos de sus hijos y los tratan como un problema menor (y aburrido)que no tiene importancia.
  • Demasiado liberales: Se dan cuenta de lo que el niño siente, pero consideran siempre adecuada la forma en que el niño enfrenta el conflicto, rara vez intervienen, ni intentan mostrar al hijo una respuesta emocional alternativa. Llegan a recurrir a la negociación o al soborno para que el hijo deje de estar triste.
  • Desaprobadores: No sienten respeto por lo que su hijo siente. Son padres duros en sus críticas y en sus castigos. Prohíben cualquier manifestación de ira o irritabilidad. Gritan con enojo y no escuchan las explicaciones de su hijo.
  • Pacientes y respetuosos: los ayudan a resolver los problemas por sus propios medios, en lugar de imponerles su voluntad, actuando como verdaderos entrenadores emocionales. Toman los sentimientos de sus hijos con serenidad y tratan de entender lo que les preocupa y así ayudarlos a encontrar, razonando con ellos, formas positivas para aliviar esos sentimientos. Por ejemplo, no es lo mismo preguntarle con cariño ¿Estás furioso porque tu amigo hirió tus sentimientos? A preguntarle hostilmente ¿Por qué no juegas solo un rato, hasta que tengas nuevamente ganas de jugar con él, o se te pase el mal genio?
3. La relación afectiva entre los padres


La educación de la afectividad no la realizan los padres, sólo mediante palabras o gestos para con sus hijos, sino también y con gran fuerza, a través de lo que muestran en su propia relación de esposos.: gestos, muestras de cariño, lenguaje, respeto, diversión entre ellos, complicidad...

Recomendaciones:
  • Es el amor entre los padres lo que más contribuye al crecimiento de los hijos.
  • El vínculo de amor recíproco que los hijos descubren en sus padres será una protección segura de su serenidad afectiva.
  • El buen resultado del crecimiento no depende de gestos aislados. El conjunto de la vida familiar influye en el desarrollo de los hijos, o puede trabar ese buen desarrollo.
  • Una cálida atmósfera familiar donde el niño se sienta aceptado y respetado beneficiará su desarrollo.
Taller
Preguntas para el trabajo individual:

1. Recuerde un momento de su niñez o adolescencia en la que tuvo la posibilidad o la imposibilidad para expresar sus sentimientos o emociones.

2. ¿Qué dificultades tiene ahora para demostrar sus afectos? ¿Qué le ayuda a demostrarlos?, ¿Qué le frena? ¿Cuál es su actitud frente a la demostración de afectos de los otros?

3. ¿Cuál es mi manera de demostrar:
  • amor (a mi cónyuge/a mis hijos)
  • pena
  • alegría
  • rabia
Preguntas para el trabajo grupal

1. ¿Cómo colaboramos los padres, en la formación de la afectividad de nuestros hijos? Nombre ejemplos concretos.

2. Analiza el siguiente trozo.
  • Cuando un hijo es amado, aprende a amar.
  • Cuando un hijo es criticado, aprende a criticar.
  • Cuando un hijo es acogido, aprende a acoger.
  • Cuando un hijo es aceptado, aprende a aceptar.
  • Cuando un hijo es escuchado, aprende a escuchar.
  • Cuando un hijo es golpeado, aprende a golpear.
  • Cuando un hijo es respetado, aprende a respetar.
3. ¿En qué momento del día, y en qué circunstancias concretas podemos crear, al interior de la familia, una instancia en que uno o varios miembros puedan expresar sus sentimientos o emociones experimentadas en el día?


lunes, 17 de octubre de 2011

LIBRO ALIMENTACION SALUDABLE







 LIBRO ENCONTRADO EN LA RED, CON MUCHOS EJEMPLOS PARA POTENCIAR LA ALIMENTACION SALUDABLE EN EL HOGAR. IDEAL PARA TRABAJARLO CON NIÑOS Y NIÑAS DESDE EDUCACIÓN INICIAL.
SI LES INTERESA DEJEN SU COMENTARIO Y CORREO.

lunes, 22 de agosto de 2011

LIBRO LA ALIMENTACION DE TUS NIÑOS




INTERESANTE MATERIAL ENCONTRADO EN LA RED, PARA TRABAJAR UN TEMA MUY IMPORTANTE EN EL AULA Y CON LA FAMILIAS DE NIÑOS Y NIÑAS.
SI LES INTERESA EL MATERIAL COMPLETO DEJEN SU COMENTARIO Y SU CORREO Y SE LOS ENVIO....

domingo, 14 de junio de 2009

TALLER PARA PÀDRES MIRANDO MI ARBOL SESION 2


MI FAMILIA, es el tema trabajado con las madres en la sesión 2







Presentando su trabajo

Con diversos materiales trabajaron para presentar a sus familias

sábado, 6 de junio de 2009

ALIMENTACIÓN SALUDABLE

lunes, 1 de junio de 2009

Taller Mirando Mi Árbol

El taller Mirando Mi árbol, busca desarrollar competencias en los adultos para la crianza de sus hijos e hijas.

En este primer taller comenzamos un camino de reflexión y descubrimiento

A través de las sesiones de este taller se dan las oportunidades para aprender de las experiencias de otras madres y de otros padres en relación a la crianza.

Estás son fotos de la primera sesión que tiene como propósito conformar el grupo de trabajo. Donde es fundamental la generación de un clima de confianza, respeto y colaboración entre quienes han decidido participar en esta experiencia.

jueves, 23 de abril de 2009

NORMAS Y LIMITES EN LA FAMILIA


Establecer límites a los hijos es una manera de demostrarles nuestro amor y preocupación. Con ello les distinguimos e indicamos que les estamos cuidando. Los límites son como las “barandillas de un puente” que nos proporcionan un sentimiento de seguridad y control.

¿Cómo establecer límites?

1. Ser claro y específico. Los límites han de ser claros, específicos, sencillos y positivos. De esta manera se informa a los hijos lo que se espera de ellos y cuándo. Así por ejemplo, si dices a tu hijo: “después de comer, tira los restos de comida en el cubo de la basura, pon los platos sucios en el fregadero y quita el mantel”, es probable que sepa exactamente lo que se espera que haga. En cambio, decirle que limpie todo, que es un vago no informará con tanta precisión de lo que se espera de él.


2. Informar de las circunstancias en que se aplica: “No juegues en la calle”, “no tenemos suficiente dinero, por eso hoy no hay helado”, “ No vayas a casa de Juan hoy a la hora de la cena, están muy ocupados en su casa.”.

3. Deben formularse de manera positiva. Deben informar de lo que hay que hacer, no de lo que no hay que hacer. Por ejemplo: “ cuando te sientes pon la espalda erguida”, en lugar de “ no te sientes así corvado”. Cuando un niño llega a estar irritado y actúa destructivamente, los padres tienen probabilidad de pensar primero en los límites negativos, por ejemplo, ¡no me hables de ese modo!, ¡ no hagas daño a tu hermano!, ¡ no tires las cosas!. Los niños también necesitan límites positivos para ayudarles a tratar con sus emociones. Al lado de los “NO HAGAS”, un padre puede decir también: “cuando te enfades dime cómo te sientes “ Esto muestra al niño otro modo de manejar el enfado o irritación.

4. Ser firme. Mostrarse amable pero firme, es una buena manera de que nuestros hijos muestren atención y sigan nuestras instrucciones:

· Sostenerle quieto por los hombros mientras le das las instrucciones.

· Mirarle directo a los ojos.

· Hablarle de una manera clara y con un tono firme.

· Deja que tu rostro parezca serio mientras le hablas.

· Insistir en ser atendido y obedecido a una instrucción razonable.

5. Ser consistente. Los límites deben hacerse cumplir de manera consistente, es decir, deben cumplirse siempre que las circunstancias sean las mismas. No obstante si las circunstancias cambian, los límites deberían ser revisados. Si los límites se aplican de manera inconsistente puede generar confusión en el niño. Por ejemplo: si un día se le prohibe que utilice una navaja, y al otro día se le permite hacerlo y otro día se le castiga por utilizarlas, el niño nunca sabrá lo que realmente se espera de él.

6. Incorpora a los niños en el establecimiento de límites. De esta manera se tiene más probabilidad de ganar su cooperación en el seguimiento de normas. Al mismo tiempo se les provee de experiencia y práctica en la toma de decisiones. Así, y hablando con ellos de los problemas y la importancia de los límites y normas como guías del propio comportamiento, se facilita el desarrollo del autocontrol y autodirección.

viernes, 10 de abril de 2009

EDUCAR CON FIRMEZA Y CARIÑO-TRABAJO CON FAMILIA




Todos sabemos que no es fácil educar a nuestros hijos para que ellos logren adquirir una personalidad integrada, sean seguros de si mismos y tengan las herramientas para enfrentar los desafíos que surgen en cada uno de los períodos de su desarrollo.
Educar con firmeza y cariño significa transmitirle al niño o niña las normas o reglas la convivencia familiar y social con comprensión y exigencia, con confianza y respeto, con libertad y obediencia, con intimidad y apertura.
En nuestra sociedad, existe una crisis de autoridad dentro de la familia, lo cual ha ido debilitando el rol que deben cumplir los padres en la formación de sus hijos. Cuando los padres no logran marcar límites claros y manifiestan una tolerancia total hacia las conductas de sus hijos, se cae en la equivocada permisividad que ha causado tanto daño en el proceso formativo de niños, niñas y jóvenes.

El ejercicio de la autoridad sin cariño y paciencia se convierte en autoritarismo, cuyas consecuencias son tan negativas como la excesiva libertad, ya que sus efectos pueden ser contraproducentes y generar rebeldía y en muchos casos comportamientos antisociales.
La autoridad debe ser ejercida en forma asertiva y responsable, lo cual significa la constante puesta en práctica de las obligaciones y los derechos mutuos entre padres e hijos, de un modo equilibrado y flexible.


“Árbol que crece torcido, nunca su tronco endereza”.
El ejercicio de la autoridad por parte de los padres, es como el “tutor” que
ayuda al árbol recién plantado: asegura que crezca derecho.
A.Lyford-Pike


¿Qué son los límites?

• Son reglas que ordenan el actuar
• Son ordenadores del comportamiento
• Son elementos de seguridad y confianza
• Son principios familiares, basados en valores compartidos
• Son formas de ejercer autoridad, no el autoritarismo
• Son componentes básicos de la educación por su función formadora


¿ Por qué es necesario poner límites y establecer reglas?

Los niños necesitan ser guiados por los adultos para que aprendan a realizar lo que desean de la manera más adecuada. Es fundamental establecer reglas para fortalecer conductas y lograr su crecimiento personal. Los límites deben basarse en las necesidades de los niños, haciendo hincapié en aquellos que se relacionan con la etapa de desarrollo que están viviendo.
Es importante comprender que lo que se LIMITA es la CONDUCTA, no los sentimientos que la acompañan. A un niño se le puede solicitar que no haga alguna cosa, pero nunca se le puede pedir que no sienta algo o impedirle que exprese una emoción o sentimiento.

Los LÍMITES deben fijarse de manera que no afecten el respeto y la autoestima del niño. Se trata de poner límites sin que el niño se sienta humillado, ridiculizado o ignorado. De este modo, nuestros hijos irán aprendiendo las reglas o pautas de forma positiva, como algo natural y no como simples restricciones acerca de lo “permitido o prohibido”.
Cuando no se respetan los LÍMITES, debe haber consecuencias, las cuales deben ser proporcionales, directas y en la medida de lo posible inmediatas a la situación que las provoca. Las consecuencias deben ser adecuadas a la situación. Esto es, que guarden una relación natural o lógica con la conducta en cuestión.
Las REGLAS deben establecerse de común acuerdo entre padres e hijos, deben ser el producto de la discusión y el entendimiento.
¿Cuál es el rol de los padres?
Nosotros como padres somos los principales educadores, la escuela o colegio sólo complementan esta compleja tarea.

Educar bien a nuestros hijos es enseñarles a:
• Conocer las propias posibilidades, virtudes y limitaciones.
• Aceptar las normas y pautas que rigen la convivencia familiar y social
• Cumplir los deberes y manifestar sus derechos
• Aprender de los errores y adaptarse a todas las situaciones, sean buenas o malas
• Ejercer la libertad y tomar decisiones con responsabilidad
• Conversar y dialogar en forma pacífica
• Reflexionar sobre sus actos y enfrentar la frustración
• Aceptar las diferencias y ser tolerantes
• Ser respetuosos consigo mismo y con los demás


¿Cómo poner límites claros y adecuados?

El grado de autocontrol que tienen los niños depende, en gran medida, de la actitud de los padres. El autocontrol como la tolerancia al dolor se educa. Todos hemos oído casos de niños que a muy corta edad han sido operados en tantas ocasiones que cuando sus padres les dicen que van al hospital cogen su osito y no muestran mayor rechazo. Con la capacidad para tolerar frustraciones y para auto controlar las expresiones de agrado o desagrado sucede lo mismo. Un niño puede haber aprendido que cuando papá dice que no, esa decisión es inamovible, pero también puede saber que se le permitirá gritar, protestar y tirarse al suelo para mostrar frustración. El grado de autocontrol y de tolerancia a la frustración está muy relacionado con la capacidad de la familia para hacer respetar su autoridad.

Se establecen límites:
• Partiendo desde la más temprana edad
• Dedicando el tiempo suficiente
• Acordando las consecuencias
• Dando a conocer su importancia
• Con seguridad y firmeza
• En un clima de calidez, confianza y amor
• Tratando a los niños con afecto y respeto
• Utilizando un lenguaje claro y directo
• Estableciendo reglas acorde a la edad y capacidad de los niños

¿Cómo ejercer adecuadamente la autoridad?

Los padres debemos actuar asertivamente en la educación de nuestros hijos mediante el adecuado ejercicio de la autoridad. Una actitud sumisa o agresiva constituye un mensaje ineficaz en relación a la autoridad educativa. En cambio, una actitud asertiva, con firmeza equilibrada y con la flexibilidad que se requiera dependiendo de la situación, constituye un mensaje eficaz que en definitiva servirá de modelo para que nuestros hijos también enfrenten cualquier situación con personalidad y actitud firme y flexible.
Inseguros (actitud sumisa)

-No logran hacer valer sus derechos, necesidades y afectos
-Valen más los derechos de los demás
-Incapacidad de tomar decisiones propias
Agresivos (actitud dominante)
-Imponen sus derechos sin tener en cuenta los derechos de los demás
-No son consistentes en sus decisiones
-Actúan por satisfacción propia
Con personalidad ( actitud flexible y firme a la vez)
-Logran hacer valer eficazmente sus derechos, teniendo en cuenta los derechos de los demás
-Dicen lo que piensan
-Saben decir que no
RECUERDE
Los adultos que conviven con el niño o niña tienen que estar de acuerdo acerca de los límites que deben tener: qué se les permite y qué se les prohíbe. Hay que ser cuidadoso con el castigo, porque si éste no se lleva a cabo adecuadamente, el niño no aprenderá lo que es bueno y malo, no fortalecerá su moral. Tal vez deje de hacer lo que se le censura por temor, pero no por convicción. Lo importante es que el adulto ejerza su autoridad de manera que le dé la oportunidad al niño de aprender algo de la experiencia. Ante un berrinche, por ejemplo, se lo puede ignorar, excluir al pequeño del grupo hasta que se calme, y explicarle que esas son las consecuencias de su acción. Aprenderá a tener más cuidado la próxima vez. Se le puede invitar a que participe en la reposición del daño causado, remendando un libro destruido, un juguete quebrado, el dedo maltratado del hermano.
Es preciso tener en cuenta que los padres pueden modificar la conducta de sus hijos y ellos también hacia nosotros porque nos van mostrando qué caminos elegir a través de sus comportamientos.
FUENTE
Sandra Ergas H.
Educadora y Mediadora Familiar
Jessana Jashes M
Psicopedagoga
Docentes de la Universidad Finis Terrae




 

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